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sábado, 20 de abril de 2013

Jardines y agua en Córdoba.




Elegía IX : Ricardo Molina

El patio oye el suspiro de otros días en sus arcos.
En las paredes húmedas se estremecen las yedras.
Lilas, jazmines y celindas
Tiemblan gozosos en el aire tibio
bajo el beso fugza de las abejas,
Pero celindas, lilas y jazmines,
yedras de oro y arcos ruinosos
no saben cómo un día nos amamos.

Llena la fuente está de claras ondas,
de agua clara y azul igual que el cielo,
la fuente pura y fría
a la sombra delgada de las damas de noche
que dejan su perfume flotar por la negrura...

Ruta literaria por Códoba (Junta de Andalucía)

Poetas andaluces

domingo, 11 de noviembre de 2012

Hortelano era Belardo (Lope de Vega)

Juan Van der Hamen: Bodegón (1623) Museo del Prado

LOPE DE VEGA : Hortelano era Belardo
Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.
Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.
El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.
Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;
y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.
Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.
El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.
Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.
De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.
Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;
y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.
Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:
«?¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!
¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!
¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!
Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.
Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.
Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.
Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.
Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras?».
 Lope de Vega (CVC)

jueves, 8 de noviembre de 2012

Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas76, no respondían palabra; solo le preguntaron si quería comer alguna cosa.
—Cualquiera yantaría yo77 —respondió don Quijote—, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso78.
A dicha79, acertó a ser viernes aquel día80, y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucíabacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela81. Preguntáronle si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que dalle a comer.
—Como haya muchas truchuelas —respondió don Quijote—, podrán servir de una trucha, porque eso se me daXXIII, 82 que me den ocho reales en sencillos que en una pieza de a ocho83. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón84. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas85.
Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el huésped86 una porción del mal remojado y peor cocido bacallao y un pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la viseraXXIV, 87, no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía, y, ansí, una de aquellas señoras servía deste menester. Mas al darle de beber, no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y, puesto el un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino88; y todo esto lo recebía en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada. Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos, y así como llegó, sonó su silbato de cañas89 cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo y que le servían con músicaXXV y que el abadejo eran truchas, el pan candealXXVI, 90 y las rameras damas y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su determinación y salida. Mas lo que más le fatigaba91 era el no verse armado caballero, por parecerle que no se podría poner legítimamente en aventura alguna sin recebir la orden de caballería.

Capítulo II 1ª Parte: Centro Virtual Cervantes.
Lectura comentada por Mari Carmen Marín Pina.

En un lugar de la Mancha

Ilustración de Antonio Saura, para la edición del Instituto Cervantes

CAPÍTULO PRIMERO

Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

lunes, 27 de junio de 2011

Boda y acompañamiento del campo

                                                  Bodegón de hortalizas e higos chumbos.
                                                        Julián Sanz del Valle

BODA Y ACOMPAÑAMIENTO DEL CAMPO

Don repollo y doña Berza,
de una sangre y de una casta,
si no caballeros pardos,
verdes fidalgos de España,
casáronse, y a la boda

de personas tan honradas,
que sustentan ellos solos
a lo mejor de Vizcaya,
de los solares del campo
vino la nobleza y gala,
que no todos los solares
han de ser de la montaña.

Vana, y hermosa, a la fiesta
vino doña Calabaza;
que su merced no pudiera
ser hermosa sin ser vana.

La Lechuga, que se viste
sin aseo y con fanfarria,
presumida, sin ser fea,
de frescona y de bizarra.

La Cebolla, a lo viudo,
vino con sus tocas blancas,
y sus entresuelos verdes,
que sin verdura no hay canas.

Para ser dama muy dulce
vino la Lima gallarda,
al principio, que no es bueno
ningún postre de las damas.

La Naranja, a lo ministro,
llegó muy tiesa y cerrada,
con su apariencia muy lisa,
y su condición muy agria.

A lo rico y lo tramposo
en su erizo la Castaña,
que la han de sacar la hacienda
todos por punta de lanza.

La Granada deshonesta
a lo moza cortesana,
desembozo en la hermosura,
descaramiento en la gracia.

Doña Mostaza menuda,
muy briosa y atusada,
que toda chica persona
es gente de gran mostaza.

A lo alindado la Guinda,
muy agria cuando muchacha,
pero ya entrada en edad,
más tratable, dulce y blanda.

La Cereza, a la hermosura
recién venida, muy cara,
pero con el tiempo todos
se le atreven por barata.

Doña Alcachofa, compuesta
a imitación de las flacas,
basquiñas y más basquiñas,
carne poca y muchas faldas.

Don Melón, que es el retrato
de todos los que se casan:
Dios te la depare buena,
que la vista al gusto engaña.

La Berenjena, mostrando
su calavera morada,
porque no regó en el tiempo
del socorro de las calvas.

Don Cohombro desvaído,
largo de verde esperanza,
muy puesto en ser gentil hombre,
siendo cargado de espaldas.

Don Pepino, muy picado
de amor de doña Ensalada,
gran compadre de doctores,
pensando en unas tercianas.

Don Durazno, a lo invidioso,
mostrando agradable cara,
descubriendo con el trato
malas y duras entrañas.

Persona de muy buen gusto,
don Limón, de quien espanta
lo sazonado y panzudo,
que no hay discreto con panza.

De blanco, morado y verde,
corta crin y cola larga,
don Rábano, pareciendo
moro de juego de cañas.

Todo fanfarrones bríos,
todo picantes bravatas,
llegó el señor don Pimiento,
vestidito de botarga.

Don Nabo, que viento en popa
navega con tal bonanza
que viene a mandar el mundo
de gorrón de Salamanca.

Mas baste, por si el lector
objeciones desenvaina,
que no hay boda sin malicias,
ni desposados sin tachas.


QUEVEDO, Francisco de: "Boda y acompañamiento del campo"

domingo, 8 de mayo de 2011

El perro del hortelano


Salen Furio, Antonelo y Lirano, lacayos, y Tristán, vestido de nuevo. 
Furio     Pagar tenéis el vino en alboroque
del famoso vestido que os han dado.
AntoneloEso bien sabe el buen Tristán que es justo.
TristánDigo, señores, que de hacerlo gusto.
LiranoBravo salió el vestido.
Tristán                                             Todo aquesto
es cosa de chacota y zarandajas
respeto del lugar que tendré presto.
Si no muda los bolos la fortuna,
secretario he de ser del secretario.
2420
LiranoMucha merced le hace la condesa
a vuestro amo, Tristán.
2425
Tristán                                    Es su privanza,
es su mano derecha y es la puerta
por donde se entra a su favor.
Antonelo                                               Dejemos
favores y fortunas, y bebamos.
FurioEn este tabernáculo sospecho
que hay lágrima famosa y malvasía.
2430
TristánProbemos vino greco; que deseo
hablar en griego, y con beberlo basta. 
RicardoAquel moreno del color quebrado 
me parece el más bravo, pues que todos
le estiman, hablan y hacen cortesía.
Celio...

Félix LOPE de VEGA CARPIO (1613-1615): EL perro del hortelano. 



Lope de Vega (Wikipedia)

viernes, 21 de enero de 2011

A la virgen

Les il·lustracions de Margarita Sikorskaia ens mostren la cara més tendra de la maternitat i la paternitat, de la família. Les formes rodones de les figures i la grandiositat del seu cos ens dona una sensació de protecció i tendresa.
Comentari de Sàlvia en PINZELLADES AL MÓN.
Al niño que está en el heno,
Virgen, ¿por qué no acalláis?
Llora porque no le dais
Lo que tenéis en el seno.

- Virgen, decid, por mi vida,
¿con qué lo puedo acallar?
- Para no verle llorar,
dadle el corazón que os pida.

- ¿Pensáis que tengo algo bueno?
Vedme el seno, si gustáis.
- Él callará si le dais
lo que tenéis en el seno.

- ¿Las lágrimas que despide
del pecho no enfrenará?
- Un punto no callará
si no le dan lo que pide.

- Pues le arrojaré entre el heno
El corazón, si gustáis.
- Él callará si le dais
lo que tenéis en el seno.

Alonso de Bonilla (1570-1642), Nuevo Jardín.
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, 147-148.

viernes, 14 de enero de 2011

Cómo Lázaro se asentó con un clérigo y las cosas que con él pasó.

Adriaen Brouwer (c. 1635): The Bitter Draught. Städelsches Kunstinstitut, Frankfurt
Y en toda la casa no había ninguna cosa de comer, como suele estar en otras: algún tocino colgado al humero, algún queso puesto en alguna tabla o en el armario, algún canastillo con algunos pedazos de pan que de la mesa sobran; que me parece a mí que aunque dello no me aprovechara, con la vista dello me consolara. Solamente había una horca de cebollas, y tras la llave en una cámara en lo alto de la casa. Destas tenía yo de ración una para cada cuatro días; y cuando le pedía la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba mano al falsopecto y con gran continencia la desataba y me la daba diciendo: "Toma, y vuélvela luego, y no hagáis sino golosinar", como si debajo della estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo, las cuales él tenía tan bien por cuenta, que si por malos de mis pecados me desmandara a más de mi tasa, me costara caro. Finalmente, yo me finaba de hambre. Pues, ya que conmigo tenía poca caridad, consigo usaba más. Cinco blancas de carne era su ordinario para comer y cenar. Verdad es que partía comigo del caldo, que de la carne, ¡tan blanco el ojo!, sino un poco de pan, y ¡pluguiera a Dios que me demediara! Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, y enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquélla le cocía y comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato, diciendo:
"Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa."
"¡Tal te la dé Dios!", decía yo paso entre mí.
A cabo de tres semanas que estuve con él, vine a tanta flaqueza que no me podía tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran. Para usar de mis mañas no tenía aparejo, por no tener en qué dalle salto; y aunque algo hubiera, no podia cegalle, como hacía al que Dios perdone, si de aquella calabazada feneció, que todavía, aunque astuto, con faltalle aquel preciado sentido no me sentía; más estotro, ninguno hay que tan aguda vista tuviese como él tenía. Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha caía que no era dél registrada: el un ojo tenía en la gente y el otro en mis manos. Bailábanle los ojos en el caxco como si fueran de azogue. Cuantas blancas ofrecían tenía por cuenta; y acabado el ofrecer, luego me quitaba la concheta y la ponía sobre el altar. No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con él veví o, por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de vino, mas aquel poco que de la ofrenda había metido en su arcaz compasaba de tal forma que le duraba toda la semana, y por ocultar su gran mezquindad decíame:
"Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber, y por esto yo no me desmando como otros."

Para leer el tratado 2 de EL LAZARILLO DE TORMES completo, CLICAD AQUÍ.

Adriaen Brouwer: Escena de taberna. Museo del Hermitage. San Petersburgo

SOBRE LA COCINA Y LA LITERATURA PICARESCA
SOBRE LA COCINA Y LA PINTURA DE LOS SIGLOS DE ORO

domingo, 9 de enero de 2011

La cena final de D. Juan : El Burlador de Sevilla. Todos los Santos

Ford Madox Brown:The finding of D.Juan by Haidée (s.XIX)
 
Vanse don JUAN y CATALINÓN. Ponen la mesa dos criados.

CRIADO 1: Quiero apercibir la mesa
que vendrá a cenar don Juan.
CRIADO 2: Puestas las mesas están
¡Qué flema tiene si [enfrena]
Ya tarda como solími señor, no me contenta
la bebida se calienta
y la comida se enfríaMas ¿quién a don Juan orden
este desorden?

Salen don JUAN y CATALINÓN 

JUAN: ¿Cerraste
CATALINÓN: Ya cerré como mandaste.
JUAN: ¡Hola, tráiganme la cena
CRIADO 1: Ya está aquí
JUAN: Catalinón siéntate
CATALINÓN: Yo soy amigo de cenar de espacio
JUAN: ¡Dig que te sientes
CATALINÓN: La razón haré.
Escultura de D.Juan en Sevilla

martes, 7 de diciembre de 2010

Yo estaba hecho al vino y moría por él (El Lazarillo de Tormes)

Francisco de Goya y Lucientes (1808-1812): LAZARILLO DE TORMES. Colección Fernández de Araoz y Marañon. Madrid

Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta, y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido. Mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenía hecha, la cual, metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, lo dejaba a buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las piernas y atapábale con la mano, y así bebía seguro.
Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y, delicadamente, con una muy delgada tortilla de cera, taparlo; y, al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y, al calor de ella luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.
-No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano.
Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.
Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.
Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé.
Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y, aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y, sonriéndose, decía:
-¿Qué te parece Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud -y otros donaires que a mi gusto no lo eran.

ANÓNIMO: El Lazarillo de Tormes. Tratado primero
Enlaces interesantes sobre El Lazarillo de Tormes
EnlacesSOBRE EL LAZARILLO DE TORMES:


El Lazarillo de Tormes, de FERNANDO FERNÁN GONZÁLES y JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ (2000)

Loanza a un vino





Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más sabrosas,
que porque el fuego tiene mariposas
queréis que el mosto tenga maravinos;

aves luquetes, átomos mezquinos,
motas borrachas, pájaras vinosas,
pelusas de los vinos invidiosas,
abejas de la miel de los tocinos;

liendres de la vendimia, yo os admito
en mi gaznate, pues tenéis por soga
al nieto de la vid, licor bendito.

Toma en el trago hacia mi nuez la boga,
Que bebiéndoos a todos, me desquito
Del vino que bebistes, y os ahoga.

QUEVEDO, Francisco de: Sonetos.

El vino en la vida cotidiana


Veronés: Las Bodas de Caná

Tú las manos en el agua
cuando él al vino se entrega;
tú de Manzanares vienes,
y él de La Membrilla llega.
Tú andas aguada siempre,
y él puramente navegad;
tú a las márgenes te arrimas
pero él a las tabernas.
Adiós, lacayo de Esquivias
con zapatos de Lucena
la capa de San Martín
y el vestido de La Puebla.

SANTOS, Francisco: La verdad en el potro.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Los dulces en tiempos de Velázquez: Mari-Bárbola y Las Meninas

Diego Velázquez y Silva (c-.1656) Las Meninas
Néstor Luján en Los espejos paralelos ( 1991) recrea con gran habilidad y extraordinaria documentación histórica la época en que Velázquez pintó  el famoso cuadro, en que aparece la familia y la corte de Felipe IV.
Mari-Bárbola, la enana que aparece a la derecha de la infanta María Teresa, futura esposa del Rey de Francia, era de procedencia alemana y conocida por su gula:
"Mari-Bárbola desató su risa cacareante.  Luego con voz descompuesta rezongó, algo mimosa:
- Sanchica, hija mía, antes de desnudarme y meterme entre sábanas, tomaría un bocadito para atrapar el sueño, con un poco de agua de azahar.
Sancha estalló de risa y con insólita franqueza replicó:
- Por Dios, que tenéis una bocaza como la vieja condesa de Benavente, que se comía cada día cuatro pollas de leche aderezadas en cuatro diferentes maneras, y luego pedía jigote en pepitoria y para postre los ocho alones de las cuatro pollas. Era la mayor tragona de la Corte, junto con aquel célebre don Tomás de los Mercados que, en una noche de estío, embuchó una montaña de garapiñas de hielos, seis conejos empanados y una docena de besugos, y murió de tan poderoso resoplido que apagó el velón que lo alumbraba.
Sancha miró de hito en hito a su ama, compasiva ante tantos estropicios, y añadió:
- Algo tengo yo prevenido, pues os conozco bien - Aquí tenéis vuestros arteletes de manjar blanco y almojábanas de viento, casi crujientes y bollos de canela y ajonjolí, y vuestra agua de azahar bien fría.
Mari-Bárbola asintió y respiró satisfecha, con su chafada narizota de una cabezudo de Corpus. Comenzó con los arteletes en un santiamén, y eso que eran grandes como nudos marineros, atragantándose, con una germánica y deliberada gula, como un dogo hambriento y silencioso."
Actividad de aula: 4º de ESO / Bachillerato
Más información sobre Velázquez y Las Meninas: Las Meninas a la Vikipèdia ( en catalán)

Pablo Picasso (1957) Las Meninas
Picasso realizó en 1957 una revisión del famoso cuadro de Velázquez, con múltiples bocetos e interesantes estudios:

Más información sobre la obra de Picasso:
MÁS INFORMACIÓN EN NUESTROS BLOGS sobre Néstor Luján: CLICAD AQUÍ.
MÁS INFORMACIÓN EN NUESTROS BLOGS sobre Diego Velázquez, CLICAD AQUÍ.


Las Meninas, documental de  Arte Historia

lunes, 29 de noviembre de 2010

Un almuerzo digno de un rey


Félix Lope de Vega y Carpio 

REY: ¿Qué almorzáis?
JUAN: Es niñería;
dos torreznillos asados,
y aún en medio algún pichón,
y tal vez viene un capón
si hay hijos ya levantados;
trato de mi granjería
hasta las once; después
comemos juntos los tres.
REY: (Conozco la envidia mía.) Aparte
JUAN: Aquí sale algún pavillo
que se crió de migajas
de la mesa, entre las pajas
de ese corral, como un grillo.
REY: A la Fortuna los pone
quien de esa manera vive.
JUAN: Tras aquesto se apercibe
--el rey, señor, me perdone--
una olla, que no puede
comella con más sazón;
que en esto, nuestro rincón
a su gran palacio excede.
REY: ¿Qué tiene?
JUAN: Vaca y carnero
y una gallina.
REY: ¿Y no más?
JUAN: De un pernil--porque jamás
dejan de sacar primero
esto--verdura y chorizo,
lo sazonado os alabo.
En fin, de comer acabo
de alguna caja que hizo
mi hija, y conforme al tiempo,
fruta, buen queso y olivas.
No hay ceremonias altivas
truhanes ni pasatiempo,
sin algún niño que alegra
con sus gracias naturales;
que las que hay en hombres tales
son como gracias de suegra.

LOPE DE VEGA Y CARPIO, Félix: El villano en su rincón. Acto II

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cena jocosa


Lumiago (2009). A la luz del candil 

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués…
pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.


La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.

Alcázar, Baltasar del (1991) . La poesía española. Antología comentada. I. De la Edad Media al Renacimiento, selección de Francisco Rico. Barcelona: Círculo de lectores, pág. 566.

Para leer más, CLICAD AQUÍ.

Información sobre Baltasar del Alcázar

lunes, 22 de noviembre de 2010

La cocina de Cervantes

Juan de Jáuregui (1600) Retrato de Cervantes
En el siglo XVI se nos habla, en el Lazarillo, de una casa en Toledo, desmantelada, sin muebles, habitada por un hidalgo, no llega a caballero, de Valladolid. En el siglo XVII, Cervantes nos pinta un interior; en la misma Toledo, visto en noche de luna, a través de una reja: interior en que se entrevén damascos, una cama dorada, sillas, escritorios.

La cocina de la casa natal de Cervantes en Alcalá de Henares



D. Quijote y Sancho Panza comen queso - en catalán - en Honor de cavalleria (Albert Serra: 2006), versión muy libre de D.Quijote de la Mancha

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un menú típico de la clase media en el Barroco (Entremés)

Diego Velázquez (1618): Almuerzo de campesinos. Szépmüvészeti Múzeum. Budapest
Tendrán sus cuatro platos los señores,
Porque no quiero ser corto ni franco.
Los jueves y domingos, manjar blanco,
torreznos, bigotudo, alguna polla,
plato de yerbas, serenada olla,
postres y bendición. En el “tinelo”
para que me llamen “mayorduelo”
mucho nabo gallego y poca vaca,
¡ojo a la olla!, que uno destos saca
Un nabo ardiendo y se lo traga vivo.
Los viernes, lentejitas con truchuelas.
Los sábados, que es dia de cazuela,
habrá brava mazofa y majatoria.
y asadura de vaca en pepitoria,
y tal vez una panza con sus sesos,
Y un diluvio de palos y de huesos. "

QUIÑONES DE BENAVENTE, Luis: Del mayordomo (entremés)

Algunas costumbres gastronómicas del Barroco español (Letrillas)

Óleo sobre lienzo de Luis de Góngora pintado por Diego Velázquez
“ANDE YO CALIENTE...”

Ande yo caliente,
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente.
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el príncipe mil cuidados
como píldoras dorados:
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de plata y nieve el enero
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del rey que rabió me cuente
y ríase la gente.

Busque muy enhorabuena
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena, escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
de Yespes a Madrigar
la regalada corriente,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel,
la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

GÓNGORA, Luis de: Letrillas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Una olla podrida pobre y mezquina (El Buscón)

Diego Velázquez (1620): El aguador de Sevilla (Barroco). 
Apsley House, Londres
El refectorio era un aposento como medio celemín. Sentábanse a una mesa hasta cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y dijo:

-¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo. ¿Qué tiene esto de refectorio de Jerónimos para que se críen aquí?

Yo, con esto, me comencé a afligir, y más me susté cuando advertí que todos los que vivían en el pupilaje de antes estaban como leznas, con unas caras que parecía se afeitaban con diaquilón. Sentóse el licenciado Cabra y echó la bendición. Comieron una comida eterna, sin principio ni fin. Trujeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una de ellas peligrara Narciso más que en la fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo huérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra a cada sorbo:

-Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.

Y, sacando la lengua, la paseaba por los bigotes, lamiéndoselos, con que dejaba la barba pavonada de caldo. Acabando de decirlo, echóse su escudilla a pechos, diciendo:

-Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.

-¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos que parecía que la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a vueltas de la carne (apenas), y dijo el maestro en viéndole:

-¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. Coman, que me huelgo de verlos comer.

Y tomando el cuchillo por el cuerno, picóle con la punta y asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo:

-Conforta realmente, y son cordiales.

Que era grande adulador de las legumbres. Repartió a cada uno tan poco carnero que entre lo que se les pegó en las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía:

-Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas.

¡Mire V. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre! Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el plato dos pellejos y unos huesos, y dijo el pupilero:

-Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo.

-¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado -decía yo-, que tal amenaza has hecho a mis tripas!

Echó la bendición, y dijo:

-Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.

Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho y díjome que aprendiese modestia y tres o cuatro sentencias viejas y fuese.

Sentámonos nosotros, y yo, que vi el negocio malparado y que mis tripas pedían justicia, como más sano y más fuerte que los otros, arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres medrugos los dos y el un pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al ruido entró Cabra, diciendo:

-Coman como hermanos, pues Dios les da con qué. No riñan, que para todos hay.

Volvióse al sol y dejónos solos. Certifico a V. Md. que vi al uno de ellos, que se llamaba Jurre, vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no le acertaban a encaminar las manos a la boca. Pedí yo de beber, que los otros, por estar casi en ayunas, no lo hacían, y diéronme un vaso con agua, y no le hube bien llegado a la boca, cuando, como si fuera lavatorio de comunión, me le quitó el mozo espiritado que dije. Levantéme con grande dolor de mi alma, viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas y no hacían la razón. Diome gana de descomer, aunque no había comido, digo, de proveerme, y pregunté por las necesarias a un antiguo, y díjome:

-Como no lo son en esta casa, no las hay. Para una vez que os proveeréis mientras aquí estuviéredes, dondequiera podréis; que aquí estoy dos meses ha y no he hecho tal cosa sino el día que entré, como ahora vos, de lo que cené en mi casa la noche antes.


QUEVEDO, Francisco de: El Buscón. Libro I. Capítulo III



Los problemas de la glotonería según Quevedo (Sonetos)


Al señor de un convite que le porfiaba que comiese mucho"Comer hasta matar el hambre es bueno;
mas comer por cumplir con el regalo,
hasta matar al comedor, es malo;
y la templanza es el mejor galeno.
Lo demasiado siempre fue veneno;
a las ponzoñas el ahíto igualo;
si a costumbres de bestia me resbalo,
a pesebre por plato me condeno.
Si engullo las cocinas y despensas,
seré don Tal Despensas y Cocinas.
¿En qué piensas, amigo, que me piensas?
Pues me atiestas de pavos y gallinas,
dame, ya que la gula me dispensas,
el postre en calas, purga y melecinas."

(QUEVEDO, Francisco de: Sonetos)
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