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domingo, 28 de octubre de 2012

Umm al-Kiram

Eugène Delacroix (1834): Mujeres argelinas en sus habitaciones. Musee du Louvre, París.
Umm al-Kiram. Noble princesa, sobrina de Al-Mutasim de Almería. Aó 455 de la Hégira.

Las apasionadas palabras de Umm al Kiram habían llamado la atención de sus primas, que se divertían en el jardín del harén, aproximándose curiosas y atrayendo justamente a sus amas, y a otras esclavas que portaban las sombrillas y los pañuelos, y los cestos de frutas y también a las aguadoras, y de tal suerte que vieron el grupo las otras esclavas que podaban los setos y limpiaban los arbustos de artemisas y las bordadoras que aprovechando ese día no soplaba el viento típico de Almería, habíanse sacado la labor a los jardines, y también todas ellas se iban acercando, igual que las esclavas madres, dos de las cuales ya lucían abultado embarazo, y las cantoras que descansaban de una larga noche de convites a la sombra de las palmeras, con todo lo cual formóse un grupo de más de cuarente mujeres arracimadas sobre la hierba alrededor de Umm, y los guardias eunucos no dijeron nada y las dejaron estar, porque con todas juntas ellos no podían y preferían hacer la guardia en otro sitio. Las dos primas de Umm, osadas y charlatanas, con tantas ganas de diversión que no parecían princesas a decir de Al-Nadá, alborotaron cuanto quisieron y pedían a su afligida prima que contase detalles de sus amores. Que quién es, que cómo se llama, que cuáles son sus gracias, preguntaban, y se reían escandalosamente haciendo reír a las otras mujeres y provocaban las riñas de Al-Nadá y de alguna otra vieja juiciosa, que cuándo vas a verlo y cuántas notas te ha escrito, y qué palabras de amor te dedica, y que si ya te hizo regalos, y que si ya te desgranó la fruta, y de ahí pasaban a preguntas obscenas y a descripciones atrevidas de besos y caricias y posturas amorosas y otras cosas tan impúdicas que casi están a punto de provocar que Al-Nadá llamase a los guardias para disolver la reunión, entre gritos y comentarios y risas y gestos de las otras, pero Umm al-Kiram alzó una mano en señal de que iba a hablar para cumplir con la curiosidad de las jóvenes y para sosegar los ánimos exaltados de las ancianas, por lo que todas se calmaron y atendieron a la muchacha.

Ángeles de IRISARRI y Magdalena LASALA (1998): Moras y cristianas. Emecé Editores, Narrativa histórica: Barcelona. Páginas 236-237.

Floria, la tabernera

Esteban GARCÍA (1028-72): Beato de Saint-Sever. Mujer sobre la bestia
Sahagún (León). Era 1026. Año vulgar de 988

(...) Que ya empezaba a colmarse la paciencia de Floria, que Floria era mujer brava, cómo si no hubiera podido regentar con éxito una taberna en el camino de Compostela, que sacaba el mal genio cuando era menester, ah, que necesitaba un trago de vino para encararse con el hombre, o lo que fuera, con el del árbol, ah, que no tenía vino ni orujo ni sidra que llevarse al gaznate. Ah, que había de sobreponerse, alzar la cabeza y hablar con el ser sobrenatural que no cesaba de incomodarla con su lluvi de bellotas...
Floria levantó la cabeza y quiso la mala fortuna que una bellota le diera en el ojo, lastimándoselo, pero no se achantó. Preguntó al sujeto que veía sentado en una rama: "¿Quién eres?" Y siguió: "¿Qué has venido a hacer a Sahagún? ¿Qué quieres? Te he visto volar... Oyer, ¿eres Dios? Si me llevas contigo te prepararé -y ponía voz melosa, sacando sus artes de tabernera, como cuando recitaba a los peregrinos lo que tenía para comer-, te regalaré con una opípara comida, te serviré grandes soparios con caldo de ajo, pan, berza, nabos y tropezones de cecina y de tocino; fabada con morcillas; anchas bandejas con truchas de Valderagüey y barbos del Cea; cuencos con lomo adobado, perdiz en escudilla, cordero asado, y para postre, natillas... Todo ello sin escatimar y regado con vino que mando comprar en Covarrubias, con vino negro de esta tierra, ambos sin cristianar por un día, y con sidra. Comeremos los dos y las sobras las echaremos a los perros".
La dueña volvió a repetir los platos que le serviría, como tentando a la extraña criatura con ellos, como si el Hacedor, el ángel o el diablo, pudiera tener hambre, como si el ser sobrenatural fuera a comer una escudilla de perdiz encebollada cunado, además, no había allí nada, ni perros había, e, insensata, continuó mucho tiempo, con riesgo de su vida, pues gritaba mucho y podía presentarse el sarraceno otra vez, sin avisar, y terminó diciéndole: "Mira, Dios, que te aderezo una gran mesa, saco mi mejor loza, la roja, busco en el arca las manutergas, esos lienzos que sirven para limpiarse las manos y los labios cuando se come, que no se ven en las casas, pongo velas y, luego, platos vacíos para los santos mártires de Sahagún aquellos que trajo el río Cea y que fueron asesinados por los romanos, los siete hermanos de Facundo y Primitivo, santos todos e hijos de santo y santa, los que fueron quemados dos veces, arrancados sus ojos, sometidos a mil horrores y arrojados al río. Los que hace tres días, descansaban en paz en el convento, que, hoy, no lo sé. Te gustará comer con ellos..." 

Ángeles de IRISARRI y Magdalena LASALA (1998): Moras y cristianas. Emecé Editores, Narrativa histórica: Barcelona. Páginas116-117.

miércoles, 4 de enero de 2012

Lo que sucedió a un hombre que tenía mucha hambre, a quien convidaron por cumplido a comer.

Diego Velázquez (1620-1621): Dos hombres en la mesa. Museo Wellington. Londres. 
Hablando otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, díjole así:

-Patronio, un hombre ha venido a verme y me ha dicho que estaba dispuesto a hacer por mí una cosa que me conviene, pero me lo ha dicho de una manera que he comprendido que he comprendido que le agradaría que yo no aceptara de él esa ayuda. Por una parte me vendría muy bien que hiciera lo que me promete, pero por otra no me decido a aceptarlo, ya que me lo ofrece como por cumplido. Por vuestro buen entendimiento os ruego me digáis lo que creéis que yo debo hacer.
-Señor conde Lucanor-dijo Patronio-, había un hombre muy respetable que había sido rico y se quedó muy pobre, al cual le daba mucha vergüenza de pedir a nadie de comer, y por esta razón sufría a menudo mucha hambre. Un día en que estaba muy afligido por no hallar nada pasó por la casa de un conocido que estaba comiendo. Cuando el otro lo vio pasar redijo, por cumplido, si quería comer. El pobre, constreñido por la necesidad, empezó a lavarse las manos y a responderle del siguiente modo:
-En verdad, don Fulano, pues tanto insistís y tanto me rogáis que coma con vos, no me parece que sería correcto desatender vuestro ruego y desdeñar lo que con tan buena voluntad ofrecéis.
Dicho esto, se sentó a comer, sació el hambre y quedó consolado; y de allí en adelante le ayudó Dios, dándole los medios para salir de aquella miseria tan grande en que estaba.
Vos, señor conde Lucanor, pues veis que os conviene lo que ese hombre se ofrece a hacer, dadle a entender que lo aceptáis por complacerle, no os fijéis en si lo hace o no por cumplido, y no aguardéis a que insista más; si no, a lo mejor no os vuelve a hablar de ello y os costará más trabajo pedirle que haga lo que el mismo ahora se ofrece a hacer.
El conde tuvo este consejo por bueno, obró según él y le salió muy bien. Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo hizo escribir en este libro y compuso unos versos que dicen así:
No te hagas mucho de rogar
en lo que te pueda beneficiar. 

Don Juan Manuel (1282-1384): Cuento XVII de El Conde Lucanor.

Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces

Enrique (2008): Altramuces
Otro día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de este modo:
-Patronio, bien sé que Dios me ha dado mucho más de lo que me merezco y que en todas las demás cosas sólo tengo motivos para estar muy satisfecho, pero a veces me encuentro tan necesitado de dinero que no me importaría dejar esta vida. Os pido que me deis algún consejo para remediar esta aflicción mía.
-Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, para que vos os consoléis cuando os pase esto os convendría saber lo que pasó a dos hombres que fueron muy ricos.
El conde le rogó que lo contara.
-Señor conde -comenzó Patronio-, uno de estos hombres llegó a tal extremo de pobreza que no le quedaba en el mundo nada que comer. Habiéndose esforzado por encontrar algo, no pudo más que encontrar una escudilla de altramuces. Al recordar cuán rico había sido y pensar que ahora estaba hambriento y no tenía más que los altramuces, que son tan amargos y saben tan mal, empezó a llorar, aunque sin dejar de comer los altramuces, por la mucha hambre, y de echar las cáscaras hacia atrás. En medio de esta congoja y este pesar, notó que detrás de él había otra persona y , volviendo la cabeza, vio que un hombre comía las cáscaras de altramuces que él tiraba al suelo. Este era el otro de quien os dije también había sido rico.
Cuando aquello vio el de los altramuces, preguntó al otro por qué comía las cáscaras. Respondiole que, aunque había sido más rico que él, había ahora llegado a tal extremo de pobreza y tenía tanta hambre que se alegraba mucho de encontrar aquellas cáscaras que él arrojaba. Cuando esto oyó el de los altramuces se consoló, viendo que había otro más pobre que él y que tenía menos motivo para serlo. Con este consuelo se esforzó por salir de pobreza, lo consiguió con ayuda de Dios y volvió otra vez a ser rico.
Vos, señor conde Lucanor, debéis saber que, por permisión de Dios, nadie en el mundo lo logra todo. Pero, pues en todas las demás cosas os hace Dios señalada merced y salís con lo que vos queréis, si alguna vez os falta dinero y pasáis estrecheces, no os entristezcáis, sino tened por cierto que otros más ricos y de más elevada condición las estarán pasando y que se tendrían por felices si pudieran dar a sus gentes aunque fuera menos de lo que vos les dais a los vuestros.
Al conde agradó mucho lo que dijo Patronio, se consoló y, esforzándose, logró salir, con ayuda de Dios, de la penuria en que se encontraba. Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen:
Por pobreza nunca desmayéis,
pues otros más pobres que vos veréis.


Don Juan Manuel (siglo XIV): CUENTO X de El Conde Lucanor.

martes, 15 de noviembre de 2011

De lo que aconteció a una mujer que le decían doña Truhana

Adolfo Guiard (1903): La aldeanita del clavel rojo. Museo de Bellas Artes, de Bilbao
Otra vez hablaba el conde Lucanor con Patronio en esta guisa:
-Patronio, un hombre me dijo una razón y mostrome la manera cómo podía ser. Y bien os digo que tantas maneras de aprovechamiento hay en ella que, si Dios quiere que se haga así como él me dijo, que sería mucho de pro pues tantas cosas son que nacen las unas de las otras que al cabo es muy gran hecho además.
Y contó a Patronio la manera cómo podría ser. Desde que Patronio entendió aquellas razones, respondió al conde en esta manera:
-Señor conde Lucanor, siempre oí decir que era buen seso atenerse el hombre a las cosas ciertas y no a las vanas esperanzas pues muchas veces a los que se atienen a las esperanzas, les acontece lo que le pasó a doña Truhana.
Y el conde le preguntó como fuera aquello.
-Señor conde -dijo Patronio-, hubo una mujer que tenía nombre doña Truhana y era bastante más pobre que rica; y un día iba al mercado y llevaba una olla de miel en la cabeza. Y yendo por el camino, comenzó a pensar que vendería aquella olla de miel y que compraría una partida de huevos y de aquellos huevos nacerían gallinas y después, de aquellos dineros que valdrían, compraría ovejas, y así fue comprando de las ganancias que haría, que hallóse por más rica que ninguna de sus vecinas.
Y con aquella riqueza que ella pensaba que tenía, estimó cómo casaría sus hijos y sus hijas, y cómo iría acompañada por la calle con yernos y nueras y cómo decían por ella cómo fuera de buena ventura en llegar a tan gran riqueza siendo tan pobre como solía ser.
Y pensando esto comenzó a reír con gran placer que tenía de su buena fortuna, y riendo dio con la mano en su frente, y entonces cayóle la olla de miel en tierra y quebróse. Cuando vio la olla quebrada, comenzó a hacer muy gran duelo, temiendo que había perdido todo lo que cuidaba que tendría si la olla no se le quebrara.
Y porque puso todo su pensamiento por vana esperanza, no se le hizo al cabo nada de lo que ella esperaba.
Y vos, señor conde, si queréis que los que os dijeren y lo que vos pensareis sea todo cosa cierta, creed y procurad siempre todas cosas tales que sean convenientes y no esperanzas vanas. Y si las quisiereis probar, guardaos que no aventuréis ni pongáis de los vuestro, cosa de que os sintáis por esperanza de la pro de lo que no sois cierto.
Al conde le agradó lo que Patronio le dijo e hízolo así y hallóse bien por ello.
Y porque a don Juan contentó este ejemplo, hízolo poner en este libro e hizo estos versos:
A las cosas ciertas encomendaos
y las vanas esperanzas, dejad de lado.

Don Juan Manuel: Cuento VII. De lo que aconteció a una mujer que le decían doña Truhana. [Cuento. Texto completo]



"E dame jolie", madrigal anónimo (siglo XIII) y "Douce dame jolie", madrigal de Guillaume de Machaut (siglo XIV)

Sobre Alberto Guiard, CLICA AQUÍ.
Versión completa de El conde Lucanor (Biblioteca virtual Miguel de Cervantes)

jueves, 28 de julio de 2011

En recuerdo de casa

Valischkas (2007). Judería Vieja de Tudela
No ploraré pel jardí que he plantat
I regat, perquè hi creixin les flors...
Gairebé oblidaré la sinagoga
on vaig estudiar la meva escriptura.
Oblidaré la joia de tots els Sàbats,
El plaer de les vacances, les meravelloses Pasqües,
I quant als tributs que hauria pagat als altres,
Llego les meves pròpies oracions a aquells menys afortunats que jo.
He canviat els meus fruiters i vinyes per les ombres dels brucs.
I la força dels meus enreixats per la protecció dels espins.
La meva ànima, embriagada amb l’aroma de les espècies més delectables,
Està ara satisfeta amb l’essència dels cards.
Ja no camino més amb les meves mans o genolls,
Però m’he posat a mi mateix en el si de la mar,
Fins que trobi l’escambell del meu Déu.

Yehudà ha-Leví (1075-1148 d.C.)

Este poema fue escrito cuando Yehudà Haleví dejó España, debido a la intensa persecución padecida por los judíos. Intentó trasladarse a Israel. El poeta viajó a Egipto y se cree que murió allí, sin llegar nunca a  la Tierra Santa.

Abraham ibn Ezra: Música sefardí "Ki eshmera Shabbat"

Més informació de Jehudà ha-Leví:

lunes, 22 de noviembre de 2010

De la pelea que tuvo Don Carnal con la Cuaresma

El jardín de las delicias. Detalles. Museo del Prado
Acercándose viene un tiempo de Dios, santo;
fuime para mi tierra a descansar un cuanto,
de entonces a ocho días era Cuaresma, tanto
que puso por él mundo gran miedo y gran espanto.

Estando yo en la mesa con don Jueves Lardero,
entregóme dos cartas un rápido trotero;
diré lo que decían, mas no lo haré ligero
pues las cartas, leídas, devolví al mensajero.

De mí, Santa Cuaresma, sierva del Criador
y por Dios enviada a todo pecador,
a todos arciprestes y curas sin amor
salud en Jesucristo, hasta Pascua Mayor.

Ruiz, Juan, Arcipreste de Hita (1992): Libro de Buen Amor (Estrofas 1067-1172). Versión moderna de María Brey Mariño. Madrid; Castalia. “Odres Nuevos, 2”.

Para leer el texto completo
Profesores de Lengua y literatura: Leyendo a Arcipreste de Hita en Carnaval y Cuaresma.
Brueghel (1559) El combate entre D. Carnal y Dª Quaresma
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