![]() |
| Eva Díez (2008): La foto de los huevos |
Helicón
(…)
De modo que llegamos a las once en punto, una hora discreta. Pedí un whisky con
hielo y, mientras ella se preguntaba lo que iba a consumir, me propuse interrogarla
sobre su vida, sobre su trabajo, sobre cualquier cosa.
-Un
batido de plátano –dijo de pronto.
Me
disgustó que Ángela no probara el alcohol. Eso ponía las cosas un poco difíciles.
Yo diciendo tontería tras tontería, y ella, cada vez más sobria, cada vez más
nutrida y vitaminada, observándome –observándonos, porque pronto llegarían los
amigos- como un juez implacable y justiciero. Me había ocurrido en alguna
ocasión y los resultados no podían haber sido más desalentadores. Pensé en
aquellos momentos en hacerme con una guía nocturna de granjas y cafeterías,
cuando Aureliana se aproximó con un vaso largo de color repulsivo y lo depositó
sobre la mesa.
-Está
muy cargado –dijo sonriendo.
Ángela
no entendió el chiste, tal vez quien no lo entendiera fuese yo o, seguramente,
había poco que entender. Pero Aureliana -¿por qué se me habría ocurrido acudir
aquella noche al Griffith?- quiso mostrarse encantadora y añadió:
-Me
refiero a que he utilizado un plátano doble. Espero que te guste.
A
Ángela no le gustó. Aguardó a que Aureliana regresara canturreando a la barra y
me miró con una extraña expresión entre divertida y nauseabunda.
-Un
plátano gemelo –murmuró-. Ha querido decir plátanos
gemelos…
