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sábado, 3 de agosto de 2013

Su isla del tesoro (Antonio Muñoz Molina: El viento de la Luna)

Miguel Ángel (2007): ¿Agricultor o jardinero?
Con la ayuda de una navaja mi padre corta en pedazos pequeños una loncha de tocino sobre un gran trozo de pan. Desayuna de pie, ensimismado y tranquilo, examinando con deleite de propietario la parte de la huerta que sus ojos abarcan desde aquí, el paisaje familiar que la rodea, las huertas de los vecinos, el ancho camino de tierra que sube hacia la ciudad, la casilla blanca y los cobertizos, las terrazas llanas, cruzadas por canteros rectos y acequias, donde verdean las hojas de las hortalizas, las líneas de higueras, granados y frutales que dan sombra a las veredas y que separan entre sí las zonas de cultivo. Esta es su isla del tesoro y su isla misteriosa, y en ella se siente como Robinson Crusoe cuando ya había colonizado la suya, y si tuviera que abandonarla se pasaría el resto de su vida añorándola. Su padre y su abuelo labraron esta misma tierra, pero nunca llegaron a poseerla, trabajando siempre como aparceros de otros que les esquilmaban la mitad de los frutos de su esfuerzo y los trataban como a siervos. Él ha podido comprarla, ahorrando desde que era muy joven, renunciando a tener una casa propia, llenándose de deudas cuyos plazos rondan siempre sobre él y algunas noches le quitan el sueño. Son cuatro cuerdas, apenas dos hectáreas según las medidas oficiales que constan en el registro, pero la huerta está bien orientada, el agua que fluye del venero en la alberca es sana y abundante y la tierra es muy fértil. Cada día al atardecer el mulo y la burra suben al mercado cargados con sacos y grandes cestas de mimbre rebosantes de hortalizas y frutas, sobre todo ahora, en los meses de verano, cuando la tierra no se cansa nunca de producir suculentas maravillas, que a la mañana siguiente se apilan en un orden magnífico sobre el mármol del mostrador de mi padre, en un esplendor planetario de tomates rojos y macizos, rotundas berenjenas moradas, sandías como bolas del mundo, ciruelas de luminosidad translúcida, melocotones con una pelusa de mejillas fragantes, cerezas de un rojo dramático de sangre, higos perfumados, pimientos rojos y verdes y guindillas de un amarillo muy intenso, patatas grandes y de formas rocosas como meteoritos, rábanos que salen de la tierra con una maraña de finas raíces embarradas y al lavarse bajo el chorro frío de la alberca revelan una rosa casi púrpura, cebollas con cabelleras de medusa. Según vaya terminando el verano llegarán las uvas y las granadas, que al partirse revelan en su interior una lumbre de granos jugosos tan roja como los fuegos centrales de la Tierra, que son de hierro y de níquel fundidos, hirviendo a seis mil grados de temperatura.

Antonio MUÑOZ MOLINA (2006): El viento de la Luna. Seix Barral Biblioteca Breve. Barcelona. Páginas 186-187).
El cuaderno de la Huerta de los Frailes: Las huertas históricas de Úbeda en peligro

sábado, 20 de abril de 2013

Jardines y agua en Córdoba.




Elegía IX : Ricardo Molina

El patio oye el suspiro de otros días en sus arcos.
En las paredes húmedas se estremecen las yedras.
Lilas, jazmines y celindas
Tiemblan gozosos en el aire tibio
bajo el beso fugza de las abejas,
Pero celindas, lilas y jazmines,
yedras de oro y arcos ruinosos
no saben cómo un día nos amamos.

Llena la fuente está de claras ondas,
de agua clara y azul igual que el cielo,
la fuente pura y fría
a la sombra delgada de las damas de noche
que dejan su perfume flotar por la negrura...

Ruta literaria por Códoba (Junta de Andalucía)

Poetas andaluces

viernes, 16 de noviembre de 2012

Medio pan y un libro


"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
"Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
"No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
"Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
"¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
"Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".

Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931.

domingo, 28 de octubre de 2012

Umm al-Kiram

Eugène Delacroix (1834): Mujeres argelinas en sus habitaciones. Musee du Louvre, París.
Umm al-Kiram. Noble princesa, sobrina de Al-Mutasim de Almería. Aó 455 de la Hégira.

Las apasionadas palabras de Umm al Kiram habían llamado la atención de sus primas, que se divertían en el jardín del harén, aproximándose curiosas y atrayendo justamente a sus amas, y a otras esclavas que portaban las sombrillas y los pañuelos, y los cestos de frutas y también a las aguadoras, y de tal suerte que vieron el grupo las otras esclavas que podaban los setos y limpiaban los arbustos de artemisas y las bordadoras que aprovechando ese día no soplaba el viento típico de Almería, habíanse sacado la labor a los jardines, y también todas ellas se iban acercando, igual que las esclavas madres, dos de las cuales ya lucían abultado embarazo, y las cantoras que descansaban de una larga noche de convites a la sombra de las palmeras, con todo lo cual formóse un grupo de más de cuarente mujeres arracimadas sobre la hierba alrededor de Umm, y los guardias eunucos no dijeron nada y las dejaron estar, porque con todas juntas ellos no podían y preferían hacer la guardia en otro sitio. Las dos primas de Umm, osadas y charlatanas, con tantas ganas de diversión que no parecían princesas a decir de Al-Nadá, alborotaron cuanto quisieron y pedían a su afligida prima que contase detalles de sus amores. Que quién es, que cómo se llama, que cuáles son sus gracias, preguntaban, y se reían escandalosamente haciendo reír a las otras mujeres y provocaban las riñas de Al-Nadá y de alguna otra vieja juiciosa, que cuándo vas a verlo y cuántas notas te ha escrito, y qué palabras de amor te dedica, y que si ya te hizo regalos, y que si ya te desgranó la fruta, y de ahí pasaban a preguntas obscenas y a descripciones atrevidas de besos y caricias y posturas amorosas y otras cosas tan impúdicas que casi están a punto de provocar que Al-Nadá llamase a los guardias para disolver la reunión, entre gritos y comentarios y risas y gestos de las otras, pero Umm al-Kiram alzó una mano en señal de que iba a hablar para cumplir con la curiosidad de las jóvenes y para sosegar los ánimos exaltados de las ancianas, por lo que todas se calmaron y atendieron a la muchacha.

Ángeles de IRISARRI y Magdalena LASALA (1998): Moras y cristianas. Emecé Editores, Narrativa histórica: Barcelona. Páginas 236-237.

martes, 8 de febrero de 2011

La plaza y los naranjos


González-Alba (2008): Naranjas
La plaza y los naranjos encendidos
con sus frutas redondas y risueñas.

Tumulto de pequeños colegiales
que al salir en desorden de la escuela,
llenan el aire de la plaza en sombra
con la algazara de sus voces nuevas.

¡Alegría infantil en los rincones
de las ciudades muertas!
¡Y algo nuestro de ayer que todavía
vemos vagar pro estas calles viejas!

Antonio Machado (1907): Soledades, galerías y otros poemas.

sábado, 22 de enero de 2011

¡Granados en cielo azul!

Ilustración marinera (Instituto Cervantes)


¡GRANADOS en cielo azul!
¡Calle de los marineros;
qué verdes están tus árboles,
qué alegre tienes el cielo!
¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
—ojo gris, mechón de oro,
rostro florido y moreno!— .
La mujer canta a la puerta:
«¡Vida de los marineros;
el hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!».
—¡Virjen del Carmen, que estén
siempre en tus manos los remos;
que, bajo tus ojos, sean
dulce el mar y azul el cielo!—
… Por la tarde, brilla el aire;
el ocaso está de ensueños;
es un oro de nostaljia,
de llanto y de pensamiento.
—¡Como si el viento trajera
el sinfín y, en su revuelto
afán, la pena mirara
y oyera a los que están lejos!
¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
—la blusa azul, y la cinta
milagrera sobre el pecho!—.
¡Granados en cielo azul!
¡Calle de los marineros!
¡El hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!
Juan Ramón Jiménez: ¡Granados en cielo azul!

lunes, 17 de enero de 2011

El último gazpacho

 Square Kitchen (2010): Gazpacho

Escoge los tomates con cuidado, maduros, pero no blandos, rojos, pero con una corona amarillenta de sol alrededor del rabo, tibios al tacto y de esa piel fina, casi traslúcida, que revela un tejido de ramificaciones delicadísimas, como una misteriosa extensión de nervios imposibles conectando la pulpa anaranjada. Son, naturalmente, tomates de bola, también llamados canarios y, más naturalmente todavía, tomates de Conil. Cada maestrillo tiene su librillo y, pese a su incontrovertible prestigio, a esta cocinera no le gustan los tomates pera, porque tienen el pellejo más grueso, la pulpa más apretada, el color más oscuro… Y porque no le gustan.
Estos son sus favoritos, y por eso, después de medirlos con los ojos y con las yemas de los dedos, diestras en determinar con precisión la consistencia óptima, los va oliendo, uno por uno, antes de echarlos en la bolsa. Porque esos tomates huelen, huelen a tomate, huelen a huerta, y a algo más. El misterioso aroma soleado que los envuelve resulta difícil de describir, como es difícil explicar el enigma de su temperatura, ese terco núcleo de calor que resiste al aire acondicionado de los supermercados y, sobre todo, dificilísimo definir su sabor, tan especial que, aunque su cualidad más preciosa es que sólo saben a tomate, dejan un inefable gusto a fruta en el paladar, una condición esencial, primigenia, que es capaz de contagiarse a su aroma.
Almudena Grandes (2010): El último gazpacho. Escalera interior, El País Semanal, Nº 1722, 12 de septiembre.
Para leer el artículo completo, CLICAD AQUÍ.

sábado, 18 de diciembre de 2010

A un naranjo y a un limonero

Julio Romero de Torres (1928). Viva el pelo. Museo Julio Romero de Torres. Córdoba

Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte!  
Medrosas tiritan tus hojas menguadas.
Naranjo en la corte, ¡qué pena da verte
con tus naranjitas secas y arrugadas!.
Pobre limonero de fruto amarillo
cual pomo pulido de pálida cera,
¡qué pena mirarte, mísero arbolillo
criado en mezquino tonel de madera!
De los claros bosques de la Andalucía,
¿quién os trajo a esta castellana tierra
que barren los vientos de la adusta sierra,
hijos de los campos de la tierra mía?
¡Gloria de los huertos, árbol limonero,
que enciendes los frutos de pálido oro,
y alumbras del negro cipresal austero
las quietas plegarias erguidas en coro;
y fresco naranjo del patio querido,
del campo risueño y el huerto soñado,
siempre en mi recuerdo maduro o florido
de frondas y aromas y frutos cargado!

Antonio Machado ( 1899-1907)



Més sobre Antonio Machado
·     Wikipedia

viernes, 17 de diciembre de 2010

La carretilla (Platero y yo)

Platero y yo. Madrid: Edaf, 2003

En un arroyo grande, que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y naranjas. Una niña, rota, y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño, ¡ay!, y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despechaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores. Acaricié a Platero y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Lo obligué entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero, y les subió la cuesta. ¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas. Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra, a Platero, como premio áureo.

JIMÉNEZ, Juan Ramón:

Casquería


Javier Lastras (2010). Callos a la madrileña

“Tenía delante a un tío que había elegido libremente pasarse las mañanas encerrado en una cárcel, que jugaba al mus todas las tardes con un asesino múltiple de pareja, y que por las noches, de vez en cuando, traía violadores a dormir en el salón. Ninguna mujer tan rica como yo, con una vida tranquila, una casa en propiedad, un amante joven, y un hijo sano y divertido, podría pensar siquiera en un hombre tan poco conveniente.
-De nada –contesté-. ¿Puedo preguntarte una cosa?
-Claro.
-¿Tú comes vísceras?
Se echó a reír y encogió los hombros antes de contestarme.
-¿Por qué quieres saber eso?
-Es un secreto. ¿Comes o no comes?
-¿Callos, riñones y cosas así? –preguntó, yo asentí con la cabeza-. Sí, claro que como. Me gustan mucho, sobre todo el hígado encebollado, los riñones de ternera y las mollejas.
-Lo sabía –murmuré”.

Grandes, Almudena (1994): Malena es un nombre de tango. Barcelona. Tusquets. Andanzas, 211.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La mano de Fátima

 Secuencia de fotos
Reinante El Pintor de Fuego (2008). Granada 

Ese día la comida estaba preparada y sus cuatro hermanastros esperaban su llegada. Hasta el menor de ellos, Musa, de cuatro años, mostraba un semblante adusto ante su presencia.

-En el nombre de Dios, clemente y misericordioso –rezó Hernando antes de sentarse en el suelo.
El pequeño Musa y su hermano Aquil, tres años mayor, le imitaron y los tres empezaron a coger con los dedos, directamente de la cazuela, los pedazos de la comida que había preparado su madre; cordero con cardos cocinados con aceite, menta y cilantro, azafrán y vinagre.
Hernando desvió la mirada hacia su madre, que los observaba recostada contra una de las paredes de la pequeña y limpia estancia que utilizaban como cocina, comedor y dormitorio provisional de sus hermanastros. Raissa y Zahara, sus dos hermanastras, se hallaban en pie junto a ella, a la espera de que los hombres terminasen de comer para poder hacerlo ellas a su vez. Él masticó un trozo de cordero y sonrió a su madre.
Tras el cordero con cardos, Zahara, su hermanastra de once años, trajo una bandeja de uvas pasas, pero Hernando ni siquiera tuvo tiempo de llevarse un par a la boca; un repiqueteo apagado, lejano, le obligó a erguir la cabeza. Sus hermanastros percibieron el gesto y dejaron de comer, atentos a su actitud; ninguno de los dos tenía la capacidad de prever con tanta anticipación la llegada de las mulas.
-¡La Vieja! –gritó el pequeño Musa cuando el sonido de la mula se hizo perceptible para todos.
Hernando apretó los labios antes de volverse hacia su madre. Eran los cascos de la Vieja, parecía confirmar ésta con su mirada. Luego trató de sonreír, pero el gesto se quedó en una mueca triste, similar a la que esbozaba Aisha: Brahim volvía a casa.
-Alabado sea Dios –rezó para poner fin a la comida y levantarse con fastidio. 

FALCONES, Ildefonso: La mano de Fátima, Barcelona, Grijalbo, 2009,  pp. 24-25.



Cocina morisca



Landahlauts (2006). Ataifores nazaríes
 Las hogueras relumbraban en cualquier espacio que se abriese entre las tiendas; los animales se mezclaban con niños y ancianos, mientras las mujeres, ataviadas con coloreados trajes moriscos, se dedicaban a cocinar. La algarabía y los aromas lograron que Hernando se relajase: no se trataba de las ollas o pucheros con verduras y tocino que comían los cristianos; el aceite quemaba por doquier. Desfilaron junto a las tiendas entre la ovación general, y una mujer le ofreció un dulce de almendra y miel, otra un buñuelo y una tercera una sabrosa y trabajada confitura recubierta de alcorza. Aquí y allá, por grupos, sonaban panderos, gaitas y atabales, dulzainas y rabeles. Mordió la alcorza y en su boca se mezclaron los sabores del azúcar, el almidón y el almizcle, del ámbar, del coral rojo y las perlas, del corazón de ciervo y del agua de azahar; luego, entre fuegos y mujeres, cantos y bailes, aspiró el aroma del cordero, la liebre y el venado, y de las hierbas con las que los cocinaban: el cilantro, la hierbabuena, el tomillo y la canela, el anís, el eneldo y mil más de ellas. 

FALCONES, Ildefonso: La mano de Fátima, Barcelona, Grijalbo, 2009,  p. 70

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Tres cosas me tienen preso

Vincenzo Campi, nacido en Cremona, Italia, 1536-1591
Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.


Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.


Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.


Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.


En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.


Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.


Y está tan fiel en el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.


A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.


Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.

Baltasar de Alcázar (1530-1606). Poema extraído de Zapardiel

Más información sobre el autor en este blog

Cena jocosa


Lumiago (2009). A la luz del candil 

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués…
pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.


La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.

Alcázar, Baltasar del (1991) . La poesía española. Antología comentada. I. De la Edad Media al Renacimiento, selección de Francisco Rico. Barcelona: Círculo de lectores, pág. 566.

Para leer más, CLICAD AQUÍ.

Información sobre Baltasar del Alcázar
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