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domingo, 20 de febrero de 2011

Max Aub: La gallina ciega. Literatura, política y glotonería.

Dice Max Aub en La gallina ciega (1971):

"Al leer estas líneas me doy cuenta de que hay demasiadas dedicadas a la glotonería. Todo se explica, como en un menú cualquiera: el poco tiempo, los muchos amigos, las atenciones múltiples no son sino una faz del problema; el otro es que la pitanza ha seguido siendo, en España, gozadora de gran parte del tiempo de sus moradores más o menos adinerados.
(...)
¿Colea todavía por aquí el hambre que se pasó durante y después de la guerra? Es posible, pero no probable. Lo cierto es que el español tuvo siempre por la mesa el corazón en el vientre, que honrarla es parte del decálogo burgués, más todavía, o tanto, como en Francia; que es más por no ser España - no con mucho - país tan rico. Aquí no se nota el hambre sino que se satisface el empapuzo y el hacer penitencia pasó hace años a mejor vida. Hártanse. Y no es de hoy ni de ayer. Creo que sería difícil hallar mejor antología gastronómica en otra literatura que la española. Gargantúa o Fasltaff no son tipos españoles. (...) Al pan pan y al vino vino viene seguramente de esos gustos robustos y recios, abarrotados de riquezas que se encierran en el chorizo y la sobreasada y el mar profundo de suavidades de los percebes o el bacalao al pil-pil. Aquí se hace gusto el color sin necesidad de recurrir a la paella o la perdiz a la catalana..."

Max Aub y León Felipe

La gallina ciega

sábado, 18 de diciembre de 2010

Las palabras

Paul Cezanne (1879-1880): Pommes et Serviette. Yasuda Kasai Museum of Art. Shinjuku. Japan
Todo lo que usted quiera, si señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de
2 las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí esplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Pablo Neruda (1974): Confieso que he vivido: memorias.

Huevos fritos


DON SACRAMENTO: Usted tendrá que ser ordenado…¡Usted vivirá en mi casa, y mi casa es una casa honrada! ¡Usted no podrá salir por las noches a pasear bajo la lluvia! Usted, además, tendrá que levantarse a las seis y cuarto para desayunar a las seis y media un huevo frito con pan…
DIONISIO: A mí ni me gustan los huevos fritos.
DON SACRAMENTO: ¡A las personas honorables les tienen que gustar los huevos fritos, señor mío! Toda mi familia ha tomado siempre huevos fritos para desayunar… Sólo los bohemios toman café con leche y pan con manteca.
DIONISIO: pero es que a mí me gustan más pasados por agua… ¿No me los podrían ustedes hacer pasados por agua…?
DON SACRAMENTO: No sé. No sé. Eso lo tendremos que consultar con mi señora. Si ella lo permite, yo no pondré inconveniente alguno. ¡Pero le advierto a usted que mi señora no tolera caprichos con la comida…!
DIONISIO: (Ya casi llorando). ¡Pero yo qué le voy a hacer si me gustan más pasados por agua, hombre!

MIHURA, Miguel (1970): Tres sombreros de copa. Madrid: Coculsa. En El teatro de 1950-I, (Primera Biblioteca, 88), pág. 11.
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