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miércoles, 3 de agosto de 2011

El pelele de mi niño

Miguel Cabrera (2009): Arrorró
El pelele de mi niño
se ha peleado
por una rebanada
de pan pringado.
Arrorró arrorró,
que te canto yo.

El padre está en Azuaga
segando trigo
y un pajarito blanco
traerá a mi niño.

Arrorró arrorró,
que te canto yo.

Ya se ha puesto el chiquito
duerme que duerme
con los ojos abiertos
como las liebres.
Arrorró arrorró,
que te canto yo.

José Agustín Goytisolo, Los pasos del cazador (1980).
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, p. 360.
Arrorró es la canción de cuna canaria por excelencia que, aunque tiene similitudes con nanas de otros lugares, también presenta importantes elementos diferenciadores con respecto a ellas. Es un canto melodioso y lento que se caracteriza por su monotonía y que presenta variaciones dependiendo de cada isla. Incluso, estas variaciones, se pueden encontrar dentro de una misma isla. La forma de arrorró más escuchada en la actualidad es la versionada por el compositor tinerfeño Teobaldo Power, quien la adaptó con maestría a la música clásica, de modo que ha influído de manera determinante en el arrorró popular. Una de las interpretaciones más conocidas del arrorró es la realizada por la vocalista Olga Ramos. Las letras están compuestas por cuartetas octosílabas y se cantan sin repetir los versos. Otro tipo de arrorró de características distintas es el arrorró herreño, de aspecto más arcaico, y con una entonación que podría enlazarlo con cantos norteafricanos. Con respecto al arrorró herreño destaca la interpretación de Valentina la de Sabinosa.
El término posiblemente proceda de la voz amazigh arraw-raw, sin embargo, dicho término se encuentra tanto en Canarias como en Castilla (donde hubo una importante presencia amazigh durante el establecimiento musulmán en la Península Ibérica), por lo que resulta difícil precisar el modo en el que dicho término llegó al habla canaria actual.
Información extraída de la Enciclopedia guanche.

Arrorró herreño

Arrorró, rró, rró, mi niño, arrorró rró, rró, rró, rró, rrorró, rró, rró, rrorró.
Y duermete mi niño chico,
duerme mi niño chico, duérmete y no llores más
y que vienen los angelitos,
que vienen los angelitos del cielo y te llevarán. 
Arrorró, rró, rró, mi niño,
arrorró rró, rró, rró, rró, rrorró, rró, rró, rrorró.
Y si mi niño se durmiera
y si mi niño se durmiera yo le daba un regalito
y una piedrita de azúcar
y una piedrita de azúcar envuelta en un papelito. 
Arrorró, rró, rró, mi niño,
arrorró rró, rró, rró, rró, rrorró, rró, rró, rrorró.
Y en los brazos de su madre,
en los brazos de su madre un pobre niño murió
y creendo en que dormía
y creeendo en que dormía le cantaba el arrorró. 
Arrorró, rró, rró, mi niño,
arrorró rró, rró, rró, rró, rrorró, rró, rró, rrorró. 

martes, 2 de agosto de 2011

Nana al niño desheredado

Francisco de Goya y Lucientes: Los pobres en la fuente. Museo del Prado
Sobre pan crece un niño,
sol y cerezas,
levadura de hambre,
hoz y promesas.

La mano aún no acaba
en herramienta,
solo limosna y sed
aún violeta.
Limones en los ojos,
campos de luna,
limones en las alas
y en la cintura.
No camina, recorta
el aire opaco
de silueta de ángel
y de naranjos.
Pinceles aún sin hojas
en la paleta
del alma de papel
yunta sin reja.
En círculos concéntricos
van madurando
ondas y guitarras
en sus océanos.
Bajo los mismos pies
cimientos blancos
hay turbiones de agujas
y polvo izado.
Y hasta ahí todo es flecha
veloz ceniza
humo de rosa libre
voces y huidas.
Y hasta aquí todo es viento
glaciar y selva,
trino, padre y fuego,
piel que segrega.

José María Rius Galindo, Coros y nanas de amor y de hierro (1980).
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, p. 351-352.

¡Silencio!

Hugo van der Goes (1476-1478): Adoración de los Pastores
Tríptico Portinari. Gótico. Galería Uffizi, Florencia
¡SILENCIO!
(Celipe y la Cleta ante el portal de Belén)

Espacio, Celipe, aguanta
tus botarras de becerro.
¡No hagas ruío,
tate quieto!

Míalo, chacho: un capullo
desprendío de los cielos,
que María jizo rosa
en el rosá de su pecho.
¡Mía qué cara! Mesmecito
der coló de los pimientos
cuando er só les saca brillos
por las tardes en el güerto.
Empelotino, sus carnes
paecen los terciopelos
de las hojas de las flores
tan suaves y tan tiernos.
Güelen a era, a mestranto,
a nuestro campo extremeño
cuando en las jaras se peinan
con aguas de abril los vientos.

No, no lo toques, Celipe;
¡eja que siga durmiendo!

Mira; la mula y er güey
le dan caló con su aliento
y Él estiranca sus piernas
tan chiquerreninas.
                       ¡Quieto!
Quieto, Celipe; ¿no ves
que ahora se está sonriyendo
y tiene el aire durzuras
de las flores del almendro?
No lo dispiertes, Celipe;
no lo dispiertes, que er sueño
le hará orvidá, mientras duerma,
que allá... pero no mu lejos,
entre tós aprevenimos
pa la su Cruz, dos maderos.
(¡Si yo pudiera llevalo
pa mi choza y escondelo...!)
Duerme, chiquenino, duerme;
porque cuando estés dispierto

quedrás jugar a pastores
por los valles y los cerros,
¡y te irás!... Te irás buscando
las ovejas y corderos
que en la noche se quearon
y en la noche se perdieron,
pa disputarlos al lobo
siempre dañino y jambriento.
Quedrás ser uva en mi vino;
harina en mi pan moreno:
carne pa la espina mía;
doló pa mi sentimmiento:
lágrimas pa los mis ojos,
y yo no quiero, ¡no quiero!
Que es Nochebuena, mi Vida;
sigue durmiendo, durmiendo...
Que dispués vendrán pastores
con la su miel y el su queso,
con sus cántaras de leche
y su ofrenda de corderos.
Y vendrán los Reyes Magos
con oro y mirra y incienso
pa adorarte en el pesere,
Dios y Niño verdadero.
Pero..., aluego vendrá Judas
y por los treinta dineros,
en nombre de tos los hombres
te venderá con un beso.
Que es Nochebuena, mi vida:
sigue durmiendo Lucero;
Duerme, Chiquenino, duerme...
¡Callad!... Silencio... ¡Silencio!

Juan Bautista Rodríguez Arias, Poesía Navideña (1965).
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, p. 288.

Nana del niño goloso

Fernando Botero (1993): Madre e hijo
Arrorró, mi niño,
que la noche llega.
Arrorró, mi niño,
con su capa negra.

Si te duermes pronto,
todas las estrellas,
dulces caramelos
de limón y menta.
¡Oh, qué gran merengue
la lunita llena!

Ángela Figuera Aymerich, Mujer de Barro, 1948. 
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, p. 260.

A mi hijo

Fernando Botero (1989): Una familia
A mi hijo

Vienes, hijito, cuando ya la luna
domina todo el cielo de mi vida.
Suplanta el búho
al ruiseñor vivaz y tempranero

Vienes cuando tu padre
no sube ya a los montes
y prefiere, callado,
mirar cómo fue todo, cómo todo
se fue quedando atrás en el camino.

Déjame tu manita de arzobispo,
manteca más que carne, leche viva,
que mañana será mano de obrero
con alma de señor.

Tu manita expresiva,
que agarra el biberón con impaciencia
y, a medida que bebes,
se afloja, se separa,
se mueve alegremente
como rama nutrida en busca de aire.

Déjame ver tus ojos que ya miran
los colores y las formas de las cosas
sin entender el alma;
casi, casi lo mismo que tu padre.

Tus ojitos que ya me reconocen,
que ya ven en los míos algo tuyo;
que ya se ven en mí
como yo en ti me veo, flor tardía.

Y ríeme al llegar, cuando aparezco
en el breve escenario de tus ojos.

Ríeme así, con ancha boca, encías,
paladar, boca intacta,
boca sin dientes, todavía entrañas,
color de corazón oxigenado.

Ríeme, flor tardía.
Y borra así la raspa
de haberte dado cita
en un mundo que ofrece y nunca cumple.

José Moreno Villa (1941): A mi hijo, de Puerta severa.
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009.

viernes, 21 de enero de 2011

Niño Jesús, no lloréis vos

Correggio (h. 1530): La noche
Niño Jesús, no lloréis vos,
ánima mía,
pues en nacer hoy entre nós
dais alegría.

Dadle las tetas virgen gloriosa
porque no llore,
y en vuestros pechos como amorosa
él se enamore:
Mamad, niñito, no lloréis vos, ánima mía,
pues en nacer hoy entre nós
dais alegría.

Dadle sustento al que sustenta
la tierra y cielo,
que en ser rey, reina os asienta
de cielo y suelo.
Rey infinito no lloréis vos,
ánima mía,
pues en nacer hoy entre nós
dais alegría.
Juan de Timoneda (1518-1583).
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, 128.
Roogier Van Der Weyden (1435-1440): San Lucas dibujando a la Virgen
Ninna nanna, ninna nanna,
dormi figlio, dormi amore.

Con quel pianto e quella voce
brami, ohimé, brami la croce.
Or ch´é tempo di dormire
dormi figlio e non vagire,
verrá il tempo del dolore.
Dormi amore.

Quella bocca pien die miele
brama latte aceto e fiele.
Or ch´é tempo di dormire
verrá il tempo del partire,
verrá il tempo del dormire.
Dormi amore.

Altri pecca e tu ne piangi,
e la vita in mori cangi,
e ne godi nel dolore.
Per dar vita al peccatore
complirai questo desio.
Dormi, o Dio.

Anònimo. Ninna Nanna al bambino Gesù (Napolitana)

Nana, nana
duerme hijo, duerme amor.
Con esa voz y ese llanto llanto
que anhela, por desgracia, que anhela la cruz.
Ahora es el momento de dormir
duerme hijo y no llores más,
ya llegará el tiempo del dolor.
Duerme amor.
Esta boca llena de miel pide leche, hiel y vinagre.
Ahora es el momento de dormir,
ya llegará el tiempo del partir,
ya llegará el tiempo del sueño.
Y tú llorarás otros pecados
y la vida cambiarás por la muerte
y en el dolor disfrutarás.
Para dar vida al pecador
cumplirás ese deseo.
Duerme, oh Dios.

(Traducción Laura Rodríguez)


Philippe Jaroussky (contratenor) con L'Arpeggiata que dirige Cristina Pluhar. Del disco Via Crucis

A la virgen

Les il·lustracions de Margarita Sikorskaia ens mostren la cara més tendra de la maternitat i la paternitat, de la família. Les formes rodones de les figures i la grandiositat del seu cos ens dona una sensació de protecció i tendresa.
Comentari de Sàlvia en PINZELLADES AL MÓN.
Al niño que está en el heno,
Virgen, ¿por qué no acalláis?
Llora porque no le dais
Lo que tenéis en el seno.

- Virgen, decid, por mi vida,
¿con qué lo puedo acallar?
- Para no verle llorar,
dadle el corazón que os pida.

- ¿Pensáis que tengo algo bueno?
Vedme el seno, si gustáis.
- Él callará si le dais
lo que tenéis en el seno.

- ¿Las lágrimas que despide
del pecho no enfrenará?
- Un punto no callará
si no le dan lo que pide.

- Pues le arrojaré entre el heno
El corazón, si gustáis.
- Él callará si le dais
lo que tenéis en el seno.

Alonso de Bonilla (1570-1642), Nuevo Jardín.
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, 147-148.

jueves, 20 de enero de 2011

Tengo, mi Niño

Nicolás Poussin (1648): La Sagrada Familia en la escalinata. The Cleveland Museum of Art

Tengo, mi Niño,
en mi cabaña
un calderillo
de migas canas
que sin recelo
puedes probarlas;
y si te gustan,
dueño del alma,
come bien de ellas,
que en nieve tanta
es mucho frío
que aquí se pasa;
y dormirán a gusto
en esas pajas
mientras que yo te canto
alguna gracia.

Duérmete, Niño mío,
en este albergue,
mientras que los pastores
vienen a verte
con alegría,
haciendo los rabeles
grande armonía.

Ya vienen los pastores
y las zagalas
a verte, Niño hermoso,
cómo descansas;
y los rebaños
dejan suma belleza
a tu cuidado.

Si el frío despierta
dueño adorado,
toma esas zamarritas
de mi ganado;
abrígate bien,
que te verás desnudo
en Jerusalén.
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, 106-107. Sección extraída de Villancicos y representaciones populares de Castilla, selección de N. Alonso Cortés (1982).

lunes, 17 de enero de 2011

A la nanita, nana

Hans Memling (1487): Díptico de la Virgen y Martin van Nieuwenhove, detalle: Virgen y Niño, Museo Memling, Brujas

Las doce están dando
y el niñó llorando.
- ¿Por qué llora el niño?
- Por una manzana.
- Yo le daré una,
yo le daré dos,
una para la Virgen,
otra para el Señor,
y otra para el niñó
que está por dormir.

Al run, run del alma.
al run, run del alma.

- Hermosa santa Ana,
¿por qué llora el niño?
- Por una manzana
que se le ha perdido.
Que tómala, Anita,
una y dos son tres,
que tómala, Anita,
que tómala, Inés.
Al run, run del alma.
al run, run del alma.

- Hermana santa Ana
¿por qué llora el niño?
- Por una manzana
que se le ha perdido.
- Mi niño del alma,
que ya se ha dormido,
soñando está ahora
con los angelitos.
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, 20-21. Sección extraída de La voz de los niños, Gabriel Celaya, Laia, Barcelona, 1972.
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