viernes, 14 de febrero de 2014

La taberna de Copa

José Benlliure Gi (Valencia 1855-1936)
Junto a la puerta principal estaba el mostrador, mugriento y pegajoso; detrás de él la triple fila de pequeños toneles, coronada por almenas de botellas conteniendo los diversos e innumerables líquidos del establecimiento. De las vigas, como bambalinas grasientas, colgaban pabellones de longanizas y morcillas o ristras de pequeños pimientos rojos y puntiagudos como dedos de diablo, y rompiendo la monotonía de tal decorado, algún jamón rojo y borlones majestuosos de chorizos.
El regalo para los paladares delicados estaba en un armario de turbios cristales, junto al mostrador. Allí, las estrellas de pastaflora, las tortas de pasa, los rollos escarchados de azúcar, las magdalenas, todo con cierto tonillo oscuro y motas sospechosas que denunciaban antigüedad, y el queso de Murviedro, tierno, fresco, de suave blancura, en piezas como panes, destilando todavía suero.
Además, contaba Copa con su cuarto-despensa, donde estaban en tinajas grandes como monumentos las verdes aceitunas partidas y las morcillas de cebolla conservadas en aceite, artículos de mayor despacho. Al final de la taberna abríase la puerta del corral, enorme, espacioso, con su media docena de fogones para guisar las paellas. Las pilastras blancas sostenían una parra vetusta, que daba sombra a tan vasto espacio, y, apilados a lo largo de un lienzo de pared, taburetes y mesitas de cinc, en tan prodigiosa cantidad, que parecía haber previsto Copa la invasión de su casa por la vega entera.

Vicente Blasco Ibáñez (1898): La barraca. Editorial El País, Clásicos españoles: Barcelona. Páginas 170-171.

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