miércoles, 4 de enero de 2012

Los convites mundanos

Michelangelo Buonarroti (1509): ''Caída del Hombre, pecado original y expulsión del Paraíso''. 
Fresco. Capilla Sixtina, Vaticano
El primero que inventó convites en el mundo, fue el maldito del demonio cuando convidó a nuestros primeros padres, a comer del árbol vedado: y el fruto que de aquel convite se sacó fue, la triste de Eva ser engañada, el pobre de Adán perder su inocencia, y quedar todo el mundo obligado a la pena. Ya que el santo Isaac había cegado, que no podía ver, y de puro viejo había perdido el apetito que no podía comer: acordó la buena vieja de Rebeca su mujer, de convidarle a unos manjares silvestres, que eran muy sabrosos y muy poco costosos: el cual convite se hizo en tan buen punto para él un hijo, y en tan malo para el otro, que de allí resultó, perder el triste de Esau el mayorazgo, y quedar el segundo hijo por primogénito, y hallarse el pobre viejo de todo ello burlado. El hermoso infante Absalón, hijo muy querido que era del gran rey David, acordó de convidar y hacer un solemne banquete a todos los otros infantes sus hermanos en un gran heredamiento suyo, ado a la sazón estaban sus pastores, esquilando el ganado: y lo que de aquel triste convite sucedió fue, quedar allí el infante Amón muerto, su hermana Thamar infamada, el mismo Absalón desterrado, su padre David lastimado, y todo el reino revuelto. El gran rey Assuero, señor que fue de ciento veinte provincias, queriendo mostrar la sobrada abundancia de su riqueza, y la grandeza de su potencia, acordó de hacer un superbo convite, en los huertos reales de su casa: para el cual convidó a todos los vecinos de la ciudad de Susis, ado él residía, y a todos los caballeros, y cortesanos que en su corte traía. No menos infeliz y desdichado fue este convite que los otros convites: pues de lo que resultó de él fue, ser la reina Vasti descompuesta, los más de los nobles degollados, todos los hebreos a muerte condenados, el rey Assuero airado, el su muy privado Amán ahorcado, y todo el reino alterado. El hijo mayor y primogénito del santo Job, determinóse de convidar a comer a siete hermanos y a tres hermanas que tenía: y no obstante que su buen padre los bendecía cada mañana, y rogaba a Dios por ellos cada día: en lo que paró aquel convite fue, que en un día y en una hora, y en una casa, antes que se les acabase la vianda, y se levantasen de las mesas, perdieron todos catorce [LVIr] hermanos allí las vidas. El muy esforzado príncipe Baltasar, hijo que fue del gran rey Nabucodonosor, estando cercado de Cambises, rey de los persas, acordó de convidar a comer a todos los príncipes y capitanes de su ejército, y a todas las enamoradas de su palacio: y en lo que paró aquel infeliz convite fue, que en lo más sabroso de la cena, el rey fue muerto, las concubinas presas, los tesoros robados, el campo deshecho, y el reino perdido.
El Bosco (h. 1503)
La nave  de los locos
Madrid, Museo del Prado
A todos estos que aquí hemos contado, y a otros infinitos que dejamos aquí de contar: ¿por ventura no les fuera más sano consejo, comer en sus casas solos, y seguros, que morir en los convites acompañados? Viniendo pues al propósito, el fin para que relatamos estos ejemplos es, para avisar y aun aconsejar al siervo del señor, no ose comer fuera de su monasterio, ni que fácilmente acepte los convites del mundo: pues tan sospechoso ha de estar de él, y de los que viven en él: que no sólo ha de osar en el comer, mas aun ni quererle oír mentar. Entre los hijos del siglo suelen tener costumbre después que han reñido unos con otros irse a comer todos juntos, para tomarse a ser amigos: de manera, que no valen nada las amistades que concertaron los vecinos, sino se confirman después entre los vasos y jarros. Habiendo tú renegado del mundo cuando te hicieron cristiano, y habiendo tú renunciado el mundo cuando entraste religioso: dime yo te ruego, ¿qué otra cosa es ir a comer con los que están en el siglo, sino que quieres tornar a hacer paces con el mundo de nuevo? Si la infeliz mujer de Lot de solo volviera mirar a los de Sodoma, fue tan agramente castigada y desecha: ¿qué será de ti pobre monje, que habiéndote el señor librado de los incendios y peligros del mundo, te tornas a comer y beber en él: como profano y fementido? Castigó Dios a los israelitas, no más de porque deseaban tornar a comer ajos y cebollas a Egipto: ¿y piensas que ha de perdonar a ti, que comes y bebes con los del mundo?

ANTONIO DE GUEVARA (1542): Capítulo XXVIII de Oratorio de religiosos y ejercicios virtuosos.
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