lunes, 15 de agosto de 2011

Dulce alimento mío

RN
Manuel Padorno: Desde el cuarto de estar, Punta Brava
Al abrir la ventana antiguamente,
ayer, esta mañana, ahora mismo,
el esplendor del fruto todavía,
un hombre mira al mar, parece lejos
entre las altas rocas que amanecen,
pero de tarde en tarde, cada noche
resucitó gozoso, vivió un día,
bajó a la playa, pastorea luz.
El hombre vuelve a ver la mar tendida,
el ave llameante, el sol que emerge
por el acantilado, el agua luminosa,
la luz encima de la larga mesa,
el incendio más alto, silencioso
rodar hasta la orilla de la mar;
la flor baja invisible, resonante
de piedra mineral delicadeza,
voraz, que quema el ojo lentamente;
la espuma fermentada, que se abre
en la mansa mañana de septiembre
y vuelve a caldear el aire solo,
la claridad marítima erguida, abierta
la carretera que no tiene traza
de ir a parte alguna, desleída
gaviota que acompaña la blancura
al borde mismo, el filo de la nube,
estampada la garza que orillea
humeante, allá en el interior del día,
entre las algas que se pudren; pica
debajo de la arena un gran racimo
de transparentes uvas decididas
mientras emerge la manzana sola,
ruge solar, fruta devoradora
que monda en su infinita mano abierta,
celestes dedos cifradores sajan
y pelan y se llevan a la boca
el alimento de la luz vacía.

Manuel Padorno (1980-1987): Bestiario atlántico, Ediciones Idea, 2006, 67-68.
Ana Padorno: Bosque marino, Las Palmas
La realidad estaba llena de olores, de animales, de sentimientos.(...) Él (mi abuelo) me llevaba en la cesta del pan. (...) Todo ese tipo de olores, de gustos, yo los comencé a gozar desde la niñez....
Manuel Padorno (2000): La carretera del mar. Capilla atlántica
Página oficial de Manuel Padorno.
Facebook de Manuel Padorno.
Exposición de Helena Rohner: La nube rosa, una aproximación a la obra de Manuel Padorno.

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