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viernes, 31 de enero de 2014

Ana María Matute: Primera memoria

Tomás Yepes (1600-1671): Paisaje con una vid. Colección Naseiro. Madrid
Las uvas maduraron a mediados de septiembre. La alcaldesa le envió a la abuela los primeros racimos, en una bandeja de cerámica con flores azules y amarillos. Venían cubiertas con un paño de hilo bordado. La abuela cogió una entre dos dedos. Era tan fresca y hermosa, como feo y sucio su brillante. La probó, y escupió el hollejo dentro del puño.
-Son ácidas -comentó-. Ya me lo figuraba.
Las uvas, con una gota perlada, quedaron olvidadas en la bandeja.
Borja, que me estuvo mirando con ojos malvados durante el día, comentó mirando hacia la abuela.
-Las de Son Major serán dulces.
Pero aquellas palabras iban dirigidas a mí. Se lavó delicadamente las yemas de los dedos y las enjugo con la servilleta. Parecía un pequeño Pilatos.
-Sirve el café, Antonia -dijo la abuela.

Ana María Matute (1996): Primera memoria. Ediciones Destino, Clásicos contemporáneos comentados; 6: Barcelona. Página 133. Edición comentada por Germán Gullón.

martes, 2 de agosto de 2011

¡Silencio!

Hugo van der Goes (1476-1478): Adoración de los Pastores
Tríptico Portinari. Gótico. Galería Uffizi, Florencia
¡SILENCIO!
(Celipe y la Cleta ante el portal de Belén)

Espacio, Celipe, aguanta
tus botarras de becerro.
¡No hagas ruío,
tate quieto!

Míalo, chacho: un capullo
desprendío de los cielos,
que María jizo rosa
en el rosá de su pecho.
¡Mía qué cara! Mesmecito
der coló de los pimientos
cuando er só les saca brillos
por las tardes en el güerto.
Empelotino, sus carnes
paecen los terciopelos
de las hojas de las flores
tan suaves y tan tiernos.
Güelen a era, a mestranto,
a nuestro campo extremeño
cuando en las jaras se peinan
con aguas de abril los vientos.

No, no lo toques, Celipe;
¡eja que siga durmiendo!

Mira; la mula y er güey
le dan caló con su aliento
y Él estiranca sus piernas
tan chiquerreninas.
                       ¡Quieto!
Quieto, Celipe; ¿no ves
que ahora se está sonriyendo
y tiene el aire durzuras
de las flores del almendro?
No lo dispiertes, Celipe;
no lo dispiertes, que er sueño
le hará orvidá, mientras duerma,
que allá... pero no mu lejos,
entre tós aprevenimos
pa la su Cruz, dos maderos.
(¡Si yo pudiera llevalo
pa mi choza y escondelo...!)
Duerme, chiquenino, duerme;
porque cuando estés dispierto

quedrás jugar a pastores
por los valles y los cerros,
¡y te irás!... Te irás buscando
las ovejas y corderos
que en la noche se quearon
y en la noche se perdieron,
pa disputarlos al lobo
siempre dañino y jambriento.
Quedrás ser uva en mi vino;
harina en mi pan moreno:
carne pa la espina mía;
doló pa mi sentimmiento:
lágrimas pa los mis ojos,
y yo no quiero, ¡no quiero!
Que es Nochebuena, mi Vida;
sigue durmiendo, durmiendo...
Que dispués vendrán pastores
con la su miel y el su queso,
con sus cántaras de leche
y su ofrenda de corderos.
Y vendrán los Reyes Magos
con oro y mirra y incienso
pa adorarte en el pesere,
Dios y Niño verdadero.
Pero..., aluego vendrá Judas
y por los treinta dineros,
en nombre de tos los hombres
te venderá con un beso.
Que es Nochebuena, mi vida:
sigue durmiendo Lucero;
Duerme, Chiquenino, duerme...
¡Callad!... Silencio... ¡Silencio!

Juan Bautista Rodríguez Arias, Poesía Navideña (1965).
Edición de Carme Riera: El gran libro de las nanas, Barcelona, 2009, p. 288.
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